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martes, 2 de agosto de 2011

LA FACULTAD DE LA INTUICION...


PARTE I
LA FACULTAD DE LA INTUICION: No he leído el libro de Kenton que citas en tu mensaje, pero por tus palabras se deduce que la interpretación que haces de  Causa Efecto se aleja de su raíz.
Dices "Kenton afirma que no hay efecto sin causa: es la ley del Karma y nadie sea de la raza que sea está exento."
El principio "No hay causa sin efecto", nace del Principio Hermético de la Causación que reza:
"Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la ley; la casualidad no es sino un nombre para la ley no reconocida; hay muchos planos de causación pero nadie escapa a la ley" (El Kybalion) Este principio está claramente asociado a la lectura de los libros celestiales en donde podemos ver como todo está asociado en una cadena de eventos ya preestablecidos.  
Este principio establece que nada ocurre por casualidad, si no que si estudiamos cualquier evento de la vida, veremos que este responde a una serie de hechos consecutivos que llevaron a que la situación en cuestión sucediera y que las personas que se ven afectadas por ellos tomaron las decisiones en su vida (pensaron, hablaron y dijeron) que los llevaron a estar en ese momento en ese lugar y por lo tanto a vivir esas experiencias. Cito a Los Tres elegidos en su análisis de El Kybalion:"Alguna confusión ha surgido en las mentes de personas que consideraban este principio a partir del hecho de que eran incapaces de explicar cómo una cosa podría causar otra cosa, esto es, ser la «creadora» de la segunda cosa-. Como una cuestión de hecho, ninguna «cosa» causa o «crea» nunca otra «cosa». Causa y efecto tratan meramente con los «eventos».  
Un «evento» es «lo que viene, llega o sucede, como resultado o consecuencia de algún evento precedente».  Ningún evento «crea» otro evento, sino que es meramente un vínculo precedente en la gran cadena ordenada de eventos que fluyen de la energía creativa del TODO. 
Hay una continuidad entre todos los eventos precedentes, consecuentes y subsiguientes.  Hay una relación existente entre todo lo que ha pasado antes y todo lo que sigue.  Una piedra se desprende de la ladera de una montaña y aplasta el techo de una cabaña en el valle de abajo. 
A primera vista consideramos esto como un efecto del azar, pero cuando examinamos la cuestión encontramos una gran cadena de causas detrás de ello.  En primer lugar estaba la lluvia que ablandó la tierra que soportaba la piedra y que le permitió caer; entonces detrás de eso estaba la influencia del sol, otras lluvias, etc., que desintegraron gradualmente el pedazo de roca de un pedazo más grande; estaban además las causas que condujeron a la formación de la montaña, y su trastorno por convulsiones de la naturaleza, y así sucesivamente ad infinitum. 
Así, podríamos seguir las, causas detrás de la lluvia, etc.  Entonces podríamos considerar la existencia del techo.  En breve, nos encontraríamos envueltos en una malla de causa y efecto, de la que pronto nos esforzaríamos por desenredamos. Igual que un hombre tiene dos padres, y cuatro abuelos, y ocho bisabuelos, y dieciséis tatarabuelos, y así sucesivamente hasta que se calculan digamos cuarenta generaciones, el número de ancestros corren a muchos millones, igual con el número de causas detrás incluso del más trivial evento o fenómeno, tal como el paso de una pequeñísima mota de hollín delante de vuestros ojos. 
No es una cuestión sencilla el seguir la huella del pedacito de hollín hasta el período primitivo de la historia del mundo cuando formaba parte de un voluminoso tronco de árbol, que fue convertido posteriormente en carbón, y así sucesivamente, hasta la mota de hollín que pasa ahora ante vuestra visión en su camino a otras aventuras.  Y una poderosa cadena de eventos, causas y efectos la trajeron a su condición presente, y el último no es sino uno de la cadena de eventos que conducirán a producir otros eventos dentro de cientos de años. 
Una de las series de eventos que surgen del diminuto pedacito de hollín fue la escritura de estas líneas, que hizo que el mecanógrafo ejecutase cierto trabajo, que el lector de pruebas hiciese lo mismo, y que hará surgir ciertos pensamientos en vuestra mente, y la de otros, que a su vez afectarán a otros, y así sucesivamente, y sucesivamente, y sucesivamente, más allá de la capacidad del hombre para pensar más lejos; y todo a partir del paso de un diminuto pedacito de hollín, todo lo cual muestra la relatividad y asociación de las cosas, y el hecho además de que «no hay grande, no hay pequeño en la mente que todo lo causa».
Por lo tanto concluimos que no fueron los actos de los judíos o de los aborígenes los produjeron las experiencias que tuvieron que vivir, si no que sus decisiones resultado de sus pensamientos, palabras y obras los llevaron a estar ahí en ese momento.
CONTINUARA...

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